sábado, 10 de noviembre de 2007

“Todo saldrá bien”, se decía una y otra vez. Aunque intentaba creerse esta frase y autoconvencerse, enseguida otro pensamiento seguía al primero. “Pero cómo va a salir todo bien cuando ya todo salió mal”. Las cosas pueden ir mejor o peor, pueden ir hasta bien, pero ya todo salió mal. Y se dejaba llevar por sus pasos, por los acontecimientos, por las palabras, por los demás, por el viento, por la lluvia, por el cielo, por la frivolidad, por el acohol, por lo que fuera... Desde que todo salió mal, intentaba dormir todo el tiempo, era su forma de evadirse de la realidad y era la única manera que tenía de comunicarse de nuevo con él. A veces, él se aparecía en sus sueños. Era lo único que la consolaba, saber que a través de los sueños podía verle de nuevo, hablarle, escucharle y abrazarle. Y lloraba, siempre lloraba. Pero eran unas lágrimas hermosas. Ella sufría, pero era el mismo sufrimiento que le provocaba la felicidad más grande que podía alcanzar, al volver a encontrase con él. Volvía a ser felíz por un instante.
Mucho tiempo ha pasado, pero para ella el tiempo se detuvo. Su vida se rompió en dos etapas, un antes y un después. Un antes, donde el futuro importaba y, un después, donde el futuro daba igual. Y a pesar de todo se repetía una y otra vez: “todo saldrá bien”. Cada vez dormía menos, dado que en sus sueños cada vez más rara vez se encontraba con él. Poco a poco, se volvió egoísta e irresponsable. Un vacío indescriptible la ahogaba por dentro y la iba consumiendo, pero ella no se desvanecía, simplemente seguía. Se paseaba por el mundo como una sonámbula, como si en realidad nada de esto le hubiera pasado y fuera producto de una pesadilla de la cual despertaría. Llegó un momento en que dejó de llorar, procuraba no pensar en cosas importantes y seguía adelante paseándose como un fantasma. Sin darse cuenta, optó por el camino más fácil y huía del dolor. Procuraba mantener su mente en blanco, ocupada con temas superficiales. Sin embargo, a veces le atormentaba pensar que si evitaba el sufrimiento, evitaba también su presencia. Parecía que le hubiera borrado de su vida. Ella sabía que no podía seguir así y debía darse un tiempo, pero ¿hasta cuándo?. Prefería no pensar y se repetía a sí misma “no te preocupes, todo saldrá bien”. Entonces enseguida se decía “pero cómo va a salir todo bien cuando ya todo salió mal”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

luci, pequeña, me acuerdo mucho de ti ultimamente. esto que has escrito es bonito, me recuerda a algo que he pensado hoy:

si me dejo llevar por una obsesión, si por una causa me siento mal, es injusto para el resto de lo que me sucede o tengo en la vida. es decir, si estoy mal porque echo de menos a una persona, porque alguien a quien quiero no me corresponde como yo quiero que sea, porque en el trabajo me agobio, o alguien me hace algo que considero que está mal, es injusto para el resto de personas que quiero, para el resto de personas que si están ahi, para los pequeños placeres y matices de mi vida, para mi ocio. es injusto porque les quito el valor que tienen, y les quito el valor sobrevalorando otros aspectos cuando todo es importante, creo que esa es una de las claves, que todo es importante y todo enrriquece tu vida.
Yo estoy aquí, aunque esté, no te puedes sentir sola, ni yo, porque nos tenemos la una a la otra, que es mucho, muchisimo. acuerdate cuando sientas que lo que te ocurre es injusto y que estás sola y a tu alrrededor todo te decepciona.
te quiero mucho peque¡ espero que entiendas lo que he querido decirte y te ayude algo¡¡

tu hermanita sus

Banshee dijo...

Si Suni... tienes razón y deberías aplicarte la teoría cuando te pasa a ti... Es sólo que me acordé mucho de papá y le echo de menos y todo esto q nos ha pasado sí q me parece injusto. Pero vamos gracias por los ánimos, q ayudan no te creas q no :)
menos mal q te tengo a tí