lunes, 2 de febrero de 2009
Entre tinieblas iba indagando en los matices de las nubes, adentrándome cada vez más adentro, mientras apartaba los tejidos con mis manos. Podía vislumbrar los colores infinitos que reflejan el blanco y escuchar el eco sutil y amargo de tu voz, teñida de un color rojo inesperado cuya saliva iba escupiendo destellos ondulantes. Y caían sobre mi cuerpo, transformándose en un cúmulo de belleza de sentidos hasta enredarse en mi sien. Todos los colores. Un arcoíris. Un caos de lluvia sin dirección fija, de copos de nieve agitados sin saber qué rumbo tomar. Una mezcla de incertidumbre cuya piel muda en otra piel, cuyo cuerpo corre más rápido en la carretera adelantando a otros coches que nunca se paran. Círculos que circulan en una rotonda sin salida. Una rueda que se pincha. Un coche que se acelera y otro que desea acelerar al mismo tiempo. Dime por qué es tan difícil. Háblame de ti y no mires atrás. Sólo guíame y léeme el mapa que no consigo entender.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)