Los sentidos se eclipsaban entre las telarañas frondosas
de textura pegajosa y adherente al mismo tiempo
impidiendo ver con claridad el otro lado de la habitación.
La atmósfera se contagiaba de un aura indescriptible,
deconocido y silencioso de dos vientos.
Entretanto te veía en pequeños cuadraditos, cada uno de un color
y tus pupilas salpicando palabras suaves y ásperas
palabras sin sonido, miradas de belleza y deseo ensordecedor.
Ladera de cuerpos, curvas montañososas, especies en extinción...
Sentimientos resurgidos aterrados en el parque de atracciones
mezclándose con la vida de los otros.
martes, 8 de septiembre de 2009
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