Desde la ventana contemplaba la lluvia tras el cristal. Su sola vision le provocaba una fría sensación que le recorría todo el cuerpo hasta congelarle los huesos. La lluvia siempre le había traído serenidad y solía decir que disfrutaba del olor a humedad tras una tormenta. Sin embargo, tanta lluvia y tanta humedad parecía que estuvieran calando su corazón y al contrario de lo que le decía Jan, ella no tenía ya la sangre caliente. Por ello, sentía frío con una facilidad asombrosa y necesitaba cada vez más que alguien le prestara su calor.
Pero necesitaba el calor justo, con el que ir poco a poco derritiendo los bloques de hielo que bloqueaban parte de sus articulaciones. Demasiado calor de golpe podría quemarla por dentro y ella no deseaba que su sangre hirviera nunca más. Sólo quería recuperar el mar rojo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario