¿Quién dijo que las segundas partes nunca fueron buenas?
Últimamente nos movemos en escenarios de película [Hablo en plural no puedo evitarlo]. No creáis que estoy hablando de los impresionantes paisajes de Irlanda, no, me refiero a los episodios que se desarrollan en el culebrón de juliluci.
No nos dedicamos sólo a un género, para nada. En todas nuestras peliculas se desarrolla desde el terror, la aventura, el drama, la tragicomedia, la comedia, la serie B, el porno o el absurdo.
Drácula fue la primera, con el malvado Loreto y su mansión llena de arañas de tamaños gigantescos y esa chimenea por la que en cualquier momento se podían colar los murciélagos. A pesar de su apariencia de Ogro, era fragil como un niño y nos acogió en la planta de abajo donde nos dejó dormir durante el invierno gris y tormentoso. Allí nos escondíamos e intentábamos conciliar el sueño, sin conseguirlo, asustadas por si el Fraile Turkis se asomaba en medio de la noche con su cara morada empapada por el sudor.
En ese mismo escenario se desarrollaba la historia de amor entre Romeo y Julieta. Romeo alias Maravilloso pasaba las noches aconsejando al Ogro como conquistar a una mujer, mientras le regalaba tulipanes a Julieta al son de una cálida serenata. Cierto día el Ogro decidió esperar a su amada durante horas interminables en el aeropuerto pero ella nunca apareció.
Nuestro complejo de Cenicienta empezó a acrecentarse, así que como adolescentes descerebradas nos mudamos sin pensarlo dos veces a Harrod´s Cross. Hasta aquel momento pensaba que American Pie era una película llevada a la exageración, pero efectivamente está basada en esa casa, de donde decidimos escapar a la mañana siguiente.
Entonces fuimos a parar a Maniac Mansion, un albergue juvenil por donde pasaron todo tipo de personajes inimaginables: el feliz y siempre sonriente Brutus, aquel extraño tipo cuya identidad sería revelada después por la de Shrek, aquel gabacho ex actor porno que por las noches actuaba en Cocktail, el asesino Purple face y nuestro querido Scruffy que siempre nos defendió de los crueles huéspedes. Aunque suene extraño, allí pasamos los días más felices aquí hasta que nos mudamos al charco de la Rana Frogy. Al principio pensabamos que sería como en Apartamento para tres, pero pronto fuimos conscientes de la realidad. Jamás habríamos besado a esta extraña rana con acento francés porque sabíamos de sobra que tenía de todo menos de príncipe. Poco conocimos a esta rana, pero podíamos observar que cada día estaba más arrugada, pues nunca salía del agua y sabíamos que su grupo favorito eran los Rolling Stones, pues vestía un tanga con la famosa lengua. El charco se extendió a nuestra habitación, la ventana necesitaba respirar y se negó a volverse a cerrar, el toallero no aguantó la presión del agua y falleció. Si habéis visto Esta casa es una ruina, Windmill era exactamente eso, una ruina de casa, normal cuando vives en un lugar que no sabe qué es una fregona, un cubo para fregar o una simple escoba y un recogedor. Cuando no podíamos respirar tampoco nosotras, antes de volvernos totalmente alcohólicas como Cillian Murphy, decidimos llamar al Inspector Gatchet a ver si él nos encontraba un acogedor hogar.
Y aquí estamos, en Camden, que no Candem. Nuestra casa es pequeñita pero tenemos un nuevo amigo que viene asiduamente de visita a arreglar puertas, poner espejos y tomar té. También nos manda mensajes y se ha ofrecido a enseñarnos la ciudad. Últimamente hemos adoptado un segundo hogar, el Anseo, donde el carmín está restregado por las paredes y cuyo barman nos adora tanto como nosotras a él.
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